El Borrador para la reforma del Reglamento de Circulación en España, de la mano de su directora María Seguí, pretende establecer lo siguiente:
la obligatoriedad de uso de casco para ciclistas en todo tipo de vías, como elemento de protección coherente con el objetivo de hacer posible que las bicicletas circulen por la calzada de las vías urbanas en un contexto de seguridad.
Esta cuestión se ha constituido en los últimos meses como uno de los temas de debate más contradictorios dentro de la propia comunidad ciclista por cuanto que, cuando los ciclistas individuales expresan su opinión, lo hacen mayoritariamente en defensa de la necesidad de llevar casco siempre en la bicicleta. Con ello muestran su acuerdo (expreso o tácito) con la medida restrictivo-prohibitiva impulsada desde la administración, olvidando que la norma no hace referencia al empleo del casco en la montaña, sino que lo introduce como obligatorio en entornos urbanos.
Afortunadamente, asociaciones de usuarios de bicicleta tales como Conbici, Pedalibre, o Ciclojuristas, son abiertamente contrarias a dicha pretensión de obligatoriedad. Afortunadamente.
¿Por qué existe esta aparente divergencia entre asociaciones de ciclistas y ciclistas individuales al respecto de la obligatoriedad del casco?
Afortunadamente, asociaciones de usuarios de bicicleta tales como Conbici, Pedalibre, o Ciclojuristas, son abiertamente contrarias a dicha pretensión de obligatoriedad. Afortunadamente.
¿Por qué existe esta aparente divergencia entre asociaciones de ciclistas y ciclistas individuales al respecto de la obligatoriedad del casco?
La respuesta debemos buscarla en la base de creación de la opinión. Las asociaciones de ciclistas analizan un escenario global, mientras que los ciclistas que opinan, suelen hacerlo desde un punto de vista estrictamente personalista, olvidando que el Reglamento de Circulación no se refiere a la utilización del casco en mitad de un sendero de montaña, sino que IMPONE su utilización en entornos urbanos, donde hoy no es obligatorio. Es más: donde, en puridad, ni siquiera es necesario.
La cuestión a responder es, por tanto: ¿Realmente es necesario un casco cuando vamos paseando a 10 km/h sobre una bicicleta? ¿Cuántos accidentes mortales de bicicleta se producen en los parques y jardines de cualquier ciudad un fin de semana de primavera? ¿No son, acaso, los atropellos perpetrados por conductores de vehículos a motor el mayor riesgo vital al que se enfrenta un ciclista urbano o de carretera? ¿Qué interés persigue considerar a la bicicleta como si fuera una amenaza?
¿De qué nos sirve un casco de bicicleta frente al atropello de un vehículo a motor conducido por un "ser" habitualmente bebido y/o drogado?
¿De qué nos sirve un casco de bicicleta frente al atropello de un vehículo a motor conducido por un "ser" habitualmente bebido y/o drogado?
Si los políticos persiguen disminuir la siniestralidad ciclista, su lógica simplista es inapelable: Si eliminamos del asfalto a los ciclistas, no los atropellarán más. ¡Toma ya! Con un par. ¿A quién eliminamos después Sra. Seguí?
Que quede bien claro: Los ciclistas no somos el problema.
El casco obligatorio no es la solución.
No hay comentarios:
Publicar un comentario